La formación en las empresas

Los jóvenes y los mayores de 55 años son los grupos de trabajadores con menos formación en las empresas españolas.

En cualquier sistema económico el aprendizaje de las competencias y las habilidades profesionales son  aspectos fundamentales para garantizar la mejora de la productividad y la competitividad de las empresas.

En España la denominada formación para el empleo es el modelo por el que un trabajador adquiere, en relación directa en su puesto de trabajo, las habilidades necesarias para su desempeño. Las empresas detectan cuáles son sus necesidades formativas y disponen de un recurso para actualizar los conocimientos y competencias a lo largo de la vida profesional para capacitar a las personas.

El trabajador, de este modo, mediante la mejora de sus competencias profesionales puede lograr una mejora de su empleabilidad, acreditar sus competencias y adaptarse a las nuevas condiciones de los mercados y sus requerimientos.

La partida económica para financiar esta mejora de la formación para el empleo procede de las cuotas sociales que las empresas abonan por los empleados. El Instituto Nacional de Estadística en la Encuesta de Población Activa correspondiente al segundo trimestre de 2016  se estima que en España hay una población activa de 22.875.7OO trabajadores. En el año 2015 según la Fundación Estatal  la formación para el empleo ha alcanzado a 3.576.748 trabajadores. Como primera idea queda que la necesidad de avanzar para poder servir a un número mayor de trabajadores hace necesario promover y facilitar el acceso a la formación a un mayor número de trabajadores y, especialmente, a los englobados en grupos más vulnerables: jóvenes, inmigrantes, mujeres, desempleados etc.

En el año 2004 cuando se instaura este sistema en España se formaron casi 600.000 trabajadores.  Bien es cierto que el número de trabajadores beneficiados ha ido incrementándose de manera sostenida desde el año 2004 hasta el año 2015. También es verdad que el número de horas de formación impartidas alcanza su máximo en 2012 y desde entonces entra en descenso. Se entiende entonces que la duración de las acciones formativas desde el año 2012 ha ido reduciéndose para poder dar más cobertura a las necesidades de las empresas.

En el año 2015 el presupuesto de la formación profesional para el empleo fue de 2.082.445.330 euros según la Fundación Estatal para la Formación y el Empleo, lo que nos da una idea de la cantidad de recursos que se gestionan en el ámbito de la formación en las empresas en España.

Atendiendo a la formación por grupos de edad también se detecta que en el año 2015 es el grupo de trabajadores de 26 a 55 años donde se concentra el mayor número de acciones formativas. Y esto se produce con bastante diferencia del grupo de más de 55 años y menos de 25. Especialmente preocupante es el de los menores de 25 años, que está indicando que es el grupo que menos forman las empresas y en esto tendrá que ver la tardanza en el acceso a un puesto de trabajo por parte de los más jóvenes.

La formación para el empleo tiene aún amplio margen de desarrollo y necesita llegar a un número mayor de trabajadores. Es un modelo en crecimiento y está afectado por un descenso de las horas de formación y con dos grupos muy vulnerables si se tiene que valorar los recursos destinados a su cualificación profesional: los jóvenes y los que están a punto de jubilarse.

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